QUINTA DE BOLIVAR

Comenzado el último año del siglo XVIII, el 29 de enero de 1800, el rico caballero santafereño, José Antonio Portocarrero, le compró al párroco de Monserrate, Doctor José Torres Patiño, un lote de terreno en las faldas de Monserrate, donde construyó una lujosa mansión, que le sirvió como casa de recreo y también para agasajar al postrero virrey don Antonio de Amar y Borbón.

Conocida como Quinta Portocarrero hasta 1820, la casa y sus terrenos fueron negociados por don Tiberio Echavarría, patriota bogotano, quien les compró la quinta a los herederos de José Antonio Portocarrero, y se la obsequió al Libertador Simón Bolívar, el 16 de junio de 1820.

El Libertador la habitó desde entonces, siempre que estuvo en Bogotá, y sembró en ella, con sus propias manos, varios de los grandes árboles que hoy la sombrean. A partir de 1827, en que, consolidada la Independencia de América del Sur, el Libertador regresó a Bogotá para asumir la presidencia de Colombia, fue su compañera en la quinta la bella quiteña Manuelita Sáenz, hasta 1830, año en el cual el Libertador partió de Bogotá y le regaló la quinta a su amigo José Ignacio París
  • Localización

En Bogotá, capital de la República, calle 20 No. 2 - 19 E.

  • Monumento nacional

La Quinta del Libertador Simón Bolívar fue declarada Monumento Nacional por decreto 1584 del 11 de agosto de 1975.

  • Historia

Su historia se remonta a 1670, cuando el bachiller Pedro de Solís y Valenzuela donó a la ermita de Monserrate 100 varas castellanas de tierra, ubicadas en el sitio llamado La Toma de la Aduana. En 1800, el capellán de Monserrate, José Torres Patiño, vendió el predio por la suma de $120 al contador principal de la Renta de Tabaco de Santafé, don José Antonio Portocarrero. El nuevo dueño construyó una quinta campestre que arregló para agasajar al virrey Antonio Amar y Borbón en el cumpleaños de su esposa la virreina, doña Francisca Villanova.

De la amistad que don José Antonio Portocarrero profesaba al virrey, o la admiración que tributaba a la virreina, fue emblema por entonces una alegoría de Cupido que hizo pintar en el comedor de su quinta con la siguiente equívoca inscripción: “Amar es mi delicia”, palabras que años más tarde habían de ser sustituidas por estas otras: “Bolívar es el dios de Colombia”.

En el centro está la casa con sus jardines abandonados, sus árboles decrépitos que extienden sus ramas y sus sombras sobre los corredores solitarios y los salones en ruinas, donde en otros días resonaron músicas voluptuosas, en noches de festines sorprendidos por la aurora; con su chimenea de mármol blanco, en el gabinete de la izquierda, sobre la cual se firmó la negativa de la conmutación de la pena de muerte a los ejecutados con motivo de la conjuración de septiembre; con sus terrazas que sintieron las férreas botas de los libertadores; con su muelle baño, cercado de bajas tapias, cubiertas antes de enredaderas, y techado por el puro cielo azul; con su esbelto mirador que se yergue sobre la colina, como un alerta vigía; con sus alcobas, antiguamente perfumadas, que vieron al héroe, de regreso del Perú, pasar cargado de laureles, y descansar de la gloria en los brazos de rosa del amor; con su espléndido comedor, comunicado con la sala principal, y con deliciosas perspectivas sobre el patio y los jardines, y donde, en los tranquilos días de la Colonia, don José Antonio Portocarrero, dueño y constructor de la Quinta, y hombre de mucho gusto y así muy sentido de todos, departía, agradablemente, de cosas de Gobierno, con Amar y Borbón, su grande amigo, virrey de Santafé, y su señora esposa, doña Francisca Villanova, la virreina, mientras, delante de los contertulios, en el fondo, aparecía esta inscripción en letras formadas con las rosas del jardín: “Mi delicia es Amar”.

El primero de enero de 1810, diez años después de haber adquirido el lote de la Quinta, falleció su dueño y ésta pasó manos de su hija, Tadea Portocarrero de García del Castillo, cuyo marido hubo de emigrar a raíz de los sucesos del 20 de julio de 1810. Por esta razón, y debido a que los hijos del matrimonio eran aún menores de edad, el inmueble sufrió descuido y abandono. La familia Portocarrero mantuvo la propiedad hasta el 16 de junio de 1820.


· BOLIVAR EN LA QUINTA

Al finalizar la guerra de independencia, la Quinta estaba a punto de desaparecer por el creciente deterioro que había sufrido. Tras la victoria definitiva sobre los españoles, el gobierno de la Nueva Granada adquirió la propiedad con el propósito de obsequiársela al Libertador, "como una pequeña demostración de gratitud y reconocimiento en que se halla constituido este Departamento de Cundinamarca por tan inmensos beneficios de que lo ha colmado Su Excelencia, restituyéndole su libertad".

Así reza la escritura, firmada por el gobernador José Tiburcio Echevarría el 16 de junio de 1820. La compra se hizo por dos mil quinientos pesos. El documento aclara que dicha compra se hacía a nombre del vicepresidente Francisco de Paula Santander y del Estado colombiano. Allí también se deja constancia de la necesidad de mejorar la finca para entregarla en condición presentable al Libertador. Bolívar fue propietario de la Quinta durante 10 años, pero no la habitó mucho tiempo. En 1821 la ocupó por primera vez, en dos ocasiones que coincidieron con el cenit de su gloria: durante el mes de enero, antes de partir a la campaña final de independencia de Venezuela, que culminó en la Batalla de Carabobo; y en octubre del mismo año, después de dicho triunfo, antes de emprender, el 13 de diciembre, la Campaña Libertadora del sur. Durante sus años de ausencia, entre 1821 y 1826, un pariente suyo, llamado Anacleto Clemente, habitó la casa y la dejó en tan mal estado que, ante la proximidad del regreso de Bolívar a Bogotá, el 6 de agosto de 1826, Santander le envió una comunicación donde le manifestaba:

Hice emplear muchos pesos en componer la Quinta que dejó Anacleto arruinada, y aunque no quedará de gran lujo, quedará de gusto y mejor que nunca. El 21 de septiembre volvió a escribirle: Su Quinta se la tengo muy compuesta y decente. Hemos echado mano de sus sueldos viejos atrasados para que siquiera sirvan para proporcionar un desahogo a quien tanto lo necesita y lo merece. Vergüenza me diera que usted se alojara como antes y se sirviera de muebles prestados. Juan M. Arrubla me ha servido mucho en esta operación.

El 14 de noviembre de 1826, Bolívar hizo su entrada a Bogotá, de regreso del Perú. Desde entonces, y hasta su partida final en 1830, habitó en forma esporádica este lugar que se convirtió en el refugio de sus constantes viajes y del tenso ambiente político.

En 1828, mientras Bolívar sorteaba las dificultades políticas y el ambiente de la Convención de Ocaña, Manuelita Sáenz de Thorne llegó a la Quinta. Se habían conocido en Quito, su tierra natal, en junio de 1822, durante el suntuoso baile en que se festejó el triunfo de la Batalla de Pichincha, y desde entonces surgió entre ambos un profundo amor. Manuelita le brindó apoyo apasionado e incondicional al Libertador y a sus amigos, de quienes se convirtió en hábil consejera política. Su presencia transformó la Quinta en lugar de fiestas y reuniones.

La Quinta fue testigo de grandes acontecimientos como la instauración de la Gran Colombia y la culminación de la Campaña del Sur; de fiestas como aquella en la que se conmemoró el natalicio de Bolívar -celebrado por los contertulios el 24 de julio de 1828, en ausencia del Libertador- y en la cual se poblaron de tiendas de campaña las colinas circunvecinas a fin de alojar allí al Batallón Granaderos. Entre los invitados se encontraban el general José María Córdova y sus edecanes, el doctor Estanislao Vergara, el canónigo Francisco Javier Guerra, el historiador José Manuel Restrepo y el general Rafael Urdaneta.

También se vivieron en ella momentos críticos originados en los graves sucesos que conmovieron entonces a la República y en la oposición de los enemigos a las ideas bolivarianas, derrotadas en la Convención de Ocaña. Allí se refugió después del atentado contra su vida, ocurrido el 25 de septiembre de 1828, y se firmó la negativa a conmutar la pena de muerte a los conjurados por este hecho.

La sexta y última estadía de Bolívar se produjo entre el 15 de enero de 1830 y el 1 de marzo del mismo año, aunque desde el 28 de enero ya había regalado la Quinta a su amigo José Ignacio París, conocido por sus servicios a la causa independentista y por su lealtad al Libertador. La donación, en realidad, fue hecha a su hija, Manuela París, quien, por ser menor de edad, no la pudo recibir, de manera que lo hizo su padre a nombre de ella, a través de una escritura que se firmó en el Palacio de San Carlos. La donación se avaluó en dos mil quinientos pesos.


· LA REPUBLICA

Afirman algunos historiadores que, a fines de 1830, José Ignacio París cedió la propiedad a la señora Matilde Baños, con el propósito de “ayudar a la instrucción pública”. Sin embargo, al parecer, París continuó con el control de la casa y mostró interés en mantenerla, para lo cual mandó elaborar en Italia, en 1846, dos fuentes de mármol blanco que se instalaron en el patio principal.

Es sabido también que la estatua de bronce, obra de Pedro Tenerani, la primera que se fundió del Libertador, fue traída por su fiel amigo, el señor París, para adornar el patio de la Quinta, pero, cuando llegó a Bogotá, y se observó que era una acabada obra maestra, el señor París resolvió obsequiarla al Congreso, el cual dispuso se colocara en la plaza principal de Bogotá, delante del Capitolio, donde está y debe quedar para siempre.

Desde entonces se le conoce a la Plaza Mayor de Bogotá como la Plaza de Bolívar. Con el paso de los años la casa fue adaptada para cumplir funciones diversas. Así, a mediados del siglo XIX acogió a los miembros de la Sociedad Filotémica, asociación dirigida por el Partido Conservador y constituida para combatir las “juntas democráticas”, organizadas durante la presidencia del General José Hilario López.

Luego, entre julio de 1853 y abril de 1854, se instaló allí el Colegio de Santa Ana, para señoritas, regentado por la institutriz Ana Parini de Lasalle, pero el golpe militar de José María Melo obligó a clausurarlo. Precisamente allí fue socorrido el General Tomás Herrera, quien falleció el 5 de diciembre de 1854.

Registraron también la efemérides de la Quinta la muerte del doctor José Félix Merizalde, quien falleció allí a mediados del mes de marzo de 1868. Como es sabido, el doctor Merizalde desempeñó un brillante papel científico y humanitario en la época de la Gran Colombia y fue uno de los facultativos que atendieron en su última enfermedad al general Francisco de Paula Santander.

Muerto el señor París, la Quinta pasó a su verdadera dueña, su hija, la entonces señora Manuela París de Tanco, quien mantuvo la propiedad hasta el 5 de noviembre de 1870, cuando la vendió al acaudalado bogotano Diego Uribe, quien hizo numerosas reparaciones, hasta el 26 de noviembre de 1878, fecha en que sus herederos vendieron la casa a Manuel Plata Azuero.

Dos años después, el 8 de marzo de 1880, Azuero adjudicó la propiedad a Nicolás Vergara y Vladislao Posada. El 9 de noviembre del mismo año, Posada vendió la mitad de sus derechos a Jasón Gaviria y, el 29 de septiembre de 1891, éste traspasó a Juan N. Rodríguez la propiedad, transformada entonces en Casa de Salud (eufemismo bogotano para indicar “asilo de locos”).

El 21 de octubre de 1898 volvió a cambiar de propietarios: Carlos y Teófilo Moncada la adquirieron y allí fue instalada una fábrica de cerveza llamada pita o cabuya por el aspecto de su envase. La casa sufrió innumerables modificaciones que significaron la destrucción parcial de su arquitectura original. El 3 de mayo de 1906, el mismo Carlos Moncada arrendó el costado sur a un señor Penem, quien organizó otra empresa, esta vez de tenería, dedicada a la curtiembre de pieles.


· EL SIGLO XX HASTA HOY

Al tener noticias de que la propiedad donde quedaba ubicada la Quinta de Bolívar pensaba ser vendida por Doña Matilde Moncada, propietaria del inmueble entre 1918 y 1919 a unos extranjeros, la Academia Colombiana de Historia y la Sociedad de Embellecimiento ( hoy Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá) iniciaron una campaña, con el fin de adquirir los predios para instalar allí un Museo Bolivariano que albergara la mayor cantidad de pertenencias del Libertador y elementos cercanos a la independencia.

Para tal propósito la Sociedad inicia una suscripción popular a la que se sumaron varias regiones del país y otras instituciones. Entre las colaboraciones más significativas están las de Antioquia, Atlántico, Cundinamarca, Norte de Santander y Nariño. La junta de festejos del centenario de la batalla de Boyacá contribuyó igualmente para tal fin.

Otros medios utilizados para la recolección de recursos para la recuperación de la Quinta a favor de la Nación fueron, entre otros, los avisos de prensa que invitaban a la comunidad a participar con sus contribuciones por medio de la compra de abonos y otras actividades como la “Conferencia de los Jueves”, cuyo importe era de 0,50 centavos por persona.

Por escritura No 528 del 21 de marzo de 1919, se otorgó finalmente en venta al Doctor Alfonso Robledo, Presidente de la Sociedad de Embellecimiento, el predio de la Quinta de Bolívar. El precio de la venta fue de $24.000 pesos pagaderos así: $4.000 de contado, $10.000 a seis meses sin intereses. La finca quedó hipotecada y la vendedora se comprometió a entregarla en septiembre del mismo año. Cabe destacar que si bien quien la compró a título personal fue el Doctor Robledo, la nación le devolvió el valor del importe un año más tarde, quedando definitivamente en poder de la Nación.

El acta de la sesión inaugural, fechada el 28 de noviembre de 1919, dio forma a la Junta de la Quinta y Museo de Bolívar en la que participaron Luis Cuervo marquez, Ministro de Gobierno, Eduardo Restrepo Sáenz, Gobernador de Cundinamarca, Santiago de Castro, Alcalde de Bogotá, y Raimundo Rivas, Presidente de la Sociedad de Embellecimiento.

1920-1946: Desde su inauguración , la Quinta de Bolívar empezó a protagonizar eventos sociales y diplomáticos; posiblemente así se hizo con la intención de rescatar la importancia histórica de la construcción. El diario el Gráfico informa a pie de una foto: “ En la Tenería, en las antiguas instalaciones de la Quinta que ha sido transformada en restaurante escolar, permite que un centenar de chiquillos de los alrededores reciban instrucción y alimento por la suma de 1 centavo al día”.

La Ley 53 de 1919 fechada el 1º de noviembre, autorizó una partida de 20.000 pesos para completar el pago del precio y la creación de una junta que se denominó Junta de la Quinta y Museo de Bolívar, cuyo fin sería el de organizar y vigilar la creación del Museo Bolivariano. El propósito sería el de recopilar y resguardar las pertenencias del Libertador. Esta Junta estaba compuesta por el Ministro de Gobierno, el Gobernador de Cundinamarca, el Alcalde de la capital y por el Presidente de la Sociedad de Embellecimiento (hoy de Mejoras y Ornato).

Entre las primeras reformas y arreglos que se hicieron con el fin de adecuar las instalaciones para la inauguración de la Quinta, está la apertura de un camino de acceso a la casa. El Ministro de Obras públicas en sus memorias de 1919 dice: “... para la fiesta del 7 de agosto se hizo al lado norte y occidente de la Quinta de Bolívar, un camino de 140 metros de largo por 7 de ancho en la parte más angosta habiendo quedado completamente firme y seguro.

Para 1920 la Quinta todavía adeudaba dinero y la partida que el Congreso había autorizado el año anterior no había sido despachada. Insistentemente se buscaban medios para reunir el importe y poder pagar al Doctor Robledo lo adeudado, lo mismo que a la antigua dueña, Matilde Moncada y al Banco Central. En noviembre de ese año se organiza una fiesta con el fin de recoger fondos para la Quinta y el producto final de ese festejo fue de 500 pesos.

En 1921 la Quinta pasó a ser legalmente propiedad de la Nación mediante escritura No. 727 de la Notaría segunda fechada el 15 de mayo de 1922. Obraron como compradores en representación de la Nación el Señor Ministro de Hacienda, Miguel Arroyo Diez, el Señor Ministro de Gobierno, General Víctor M.Salazar y el Presidente de la Junta y Museo de Bolívar.

En agosto de 1924 con el fin de celebrar el día de Bogotá y la conmemoración de la batalla de Junín, se colgaron en la Quinta de Bolívar los óleos del maestro Rafael Tavera. Estos cuadros representaban los campos de Paya, Gámeza, el Pantano de Vargas y Boyacá.

Con la construcción del Paseo Bolívar se facilitó el crecimiento de viviendas en los alrededores de la Quinta y a la margen del camino. Estas habitaciones se fueron levantando con materiales de baja calidad y sin planificación alguna. Los residentes eran familias casi siempre recién llegadas a la ciudad sin recursos económicos y muy escaso poder económico y nivel educativo.

A partir de 1930 la Junta Administradora de la Quinta y Museo de Bolívar delegó la total responsabilidad administrativa a la Sociedad de Embellecimiento, mediante el pago de 140 pesos mensuales, La Sociedad se encarga entonces de una serie de obras relacionadas con el estado de la casa y su entorno, realizando reparaciones locativas que estuvieran en relación con su pasado histórico, basándose en escrito existentes sobre el inmueble y la información de personas que conocieron la casa de tiempo atrás y las anécdotas trasmitidas por la comunidad.

A pesar de los esfuerzos de la Sociedad, parece que la impresión del lugar sigue siendo deprimente diez años después. Sin embargo la Quinta es continuamente visitada por Gente del Gobierno, de la Cultura, miembros del cuerpo diplomático y por particulares.

El Boletín de la Sociedad de Mejoras y Ornato informa en 1943 que las labores realizadas en la quinta se localizaron en los jardines, salones, mirador y parte exterior. Además menciona la colocación de un busto de Bolívar obsequiado por Venezuela, el cual se ubicó en el jardín interior norte de la casa, y otro de mármol blanco, que se ubica en el jardín exterior.

1946-1973: La Ley 57 de 1946 que autorizó la Organización de la IX Conferencia Internacional Panamericana, ordenó al restauración de la Quinta de Bolívar, escogida como una de las sedes de los eventos. El Ministerio de Relaciones Exteriores encargado de los preparativos del acontecimiento suscribe contratos de diferente índole con particulares, con el propósito de lograr una digna adecuación de la Quinta. Todos estos contratos fueron efectuados entre 1947 y 1948 de acuerdo a las publicaciones del Diario Oficial.

En las Actas de la Sociedad de Mejoras y Ornato del 21 y 28 de mayo de 1947 se expresan las reformas más urgentes y necesarias que se ejecutarán en las instalaciones de la Quinta, así:

- Se construirán dos machones o columnas en frente de la Quinta y por el occidente, para la colocación de 21 astas de banderas.

- Se ordena conservar las madreselvas que forman las galerías o pérgolas que se desarrollan al lado de las fuentes de mármol.

- En las fuentes se reemplazarán las cisternas revestidas de cemento por baldosas de piedra.

- El brocal de la alberca será revestido con piedra.

- En el jardín se plantarán mortiños, arrayanes, cerezos, alisos parásitas y enredaderas.

Mediante decreto 157 del 23 de enero de 1950 se aumentó la partida destinada a la conservación y ornato de la Quinta de Bolívar y el Museo Bolivariano a $24.000 pesos anuales, teniendo en cuenta que los aportes para la Quinta no se habían aumentado desde 1923.

Con el Decreto 1517 de 1960 se creó una comisión especial integrada por el Presidente de la Academia Colombiana de Historia, el Presidente de la Junta de festejos del Sesquicentenario de la Independencia, el Director de Extensión Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Educación y el Presidente de la Sociedad de Mejoras y Ornato de la ciudad, quienes hicieron un estudio sobre la administración y funcionamiento de la Quinta de acuerdo a las Directrices del Museo Nacional y otros museos especializados.

En los informes de actas de la Sociedad de Mejoras y Ornato se expresan como conclusiones de este estudio que la falta de vigilancia y de atención a las necesidades más inmediatas del inmueble es evidente. Los alrededores de la construcción siguen siendo peligrosos por el incremento de vagos y gamines en las cercanías. La apremiante situación estudiada por la comisión planteó varias alternativas de solución para mejorar las condiciones de la Quinta en 1964:

- Administración directa del Gobierno.

- Administración delegada a la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá con delegados y empleados pagados por ella misma .

- Administración delegada a la Sociedad de Mejoras Ornato de Bogotá, con empleados nombrados y pagados por el Gobierno.

La alternativa escogida fue la tercera. Sin embargo y mediante contrato firmado por el departamento Administrativo de Servicios Generales del Ministerio de Obras Públicas en representación del Gobierno y la Sociedad de Mejoras y Ornato, la administración del inmueble pasó a depender del Ministerio de Obras Públicas desde 1968 cuando se encargó este ministerio de todos los Monumentos Nacionales.

1974-1992: Con el decreto 1584 de 1975 y paradójicamente un mes después de la incursión del naciente grupo guerrillero M-19 en la Quinta de Bolívar, para extraer la espada del Libertador Simón Bolívar, se declaró “monumento nacional“ al inmueble, situado en la avenida Jiménez con carrera 2ª este. La restauración de éste sitio queda a cargo del Consejo de Monumentos Nacionales. Con Ley 31 de 1979 se ordena en el artículo 5° la construcción del Jardín Bolivariano.

El Gobierno Nacional solicitó a la Sociedad de Mejoras y Ornato, en 1991, que se encargara de restaurarla. Tras ocho años de trabajo conjunto con la Dirección Nacional de Monumentos -antes dependiente de Instituto Nacional de Vías y en la actualidad del Ministerio de Cultura-, la Quinta ha recuperado el carácter de casa campestre y el aspecto que tuvo cuando el Libertador la habitó.

1993-2005: Hasta antes de la restauración que se inicia en el año de 1992, el aspecto exterior de la casa era producto de las intervenciones de los últimos años, cuando se pretendió “enlucir” la Quinta. En ese entonces, se reemplazó la modesta portada por la que hoy vemos, estilo republicano; se construyó un camellón de acceso rematado en una inapropiada escalinata de piedra y se rodeó la vivienda con una baranda de madera.

Esto evidenció cómo a partir del momento en que Bolívar recibió la Quinta como obsequio, la casa empezó a ser acondicionada para servir de habitación al entonces presidente de la república. La investigación previa a las obras determinó que aunque el Libertador poco intervino en los arreglos y la decoración, pidió al vicepresidente Santander que la arreglara, mandó construir una chimenea y, al parecer, hizo los planos del Mirador. Además de hacer habitable la deteriorada casa, Santander emprendió una gran reforma: mandó construir el Comedor.

Por otra parte, y una vez se desmonta la cubierta y se inicia el trabajo de intervención física del inmueble, se encontraron vestigios de pintura mural, así como el color original de la casa. Otro descubrimiento significativo fue la ubicación de la cocina. Los vestigios de hollín, grasa, canal de desagües, hornos y una ventana, permitieron reconstruir uno de los lugares más antiguos de la Quinta.

Todas estas obras fueron inauguradas en el año de 1998, reapertura que hizo que una gran número de visitantes regresaran a este monumento nacional, con la intención de conocer los resultados de las obras. En el año 2000 se inaugura la última etapa de este proceso de restauración que comprendía la zona de jardines altos y el Mirador y baño de asiento.

Es también durante este período, cuando el inmueble que aún hacia parte de la Subdirección de Monumentos Nacionales, oficina que dependía de la Secretaria de Obras del Ministerio de Transporte, entra a formar parte de las entidades del naciente Ministerio de Cultura (1997), bajo la coordinación de la Red Nacional de Museos y del Museo Nacional de Colombia.

A partir del año 1998 la Quinta de Bolívar entra en una etapa de reorganización administrativa que se enmarca en la formulación de planes estratégicos con sus respectivos enunciados de misión y visión institucional a corto, mediano y largo plazo así como planes de acción anuales estructurados en áreas estratégicas.

Es por ello que en la actualidad la Quinta de Bolívar se proyecta en su gestión y acciones hacia el año 2010, fecha de conmemoración del Bicentenario de la Independencia y de los 180 años de la muerte del Libertador Simón Bolívar en Santa Marta, Colombia.

Sin embargo, las labores no han concluido. Se halla en proceso la construcción de un edificio denominado La Pinacoteca, en el terreno oriental de la casa, con el fin de exhibir de forma adecuada otras piezas de la colección del Museo, así como una sede administrativa, un auditorio, un café-libro, una galería, y la infraestructura necesaria para la modernización del Museo y su adecuado servicio al público.

  • Horarios

Martes a Sábado, de 9 a.m. a 5 pm. Domingo: 10 am. a 4. pm. Lunes y festivos no hay servicio.

ANTES QUE SEA TARDE

¡Un problema que nos afecta a todos!

EL PÁRAMO

Carlos Vives - Conservación Internacional